TEMPORADA 65
La Regular Élite Cup volvió a levantarse como una arena de héroes y condenados, un escenario donde cada curva podía convertirse en gloria… o sentencia. Desde la fase regular hasta la Final Four bajo la lluvia de Valencia, esta edición escribió una historia digna de ser recordada durante años.
La fase regular: cuando los gigantes caen
La temporada comenzó con seis carreras en las que la tensión se podía cortar con un cuchillo. Y fue allí, en el terreno más largo y cruel, donde uno de los titanes del paddock, Javi González, cayó antes de tiempo. Mientras tanto, el campeón vigente Aaron Blasco caminaba por el borde del abismo… pero sobrevivió. Un solo punto fue el hilo que separó su eliminación de su clasificación. Un punto que mantuvo vivo su sueño… aunque solo por un tiempo.
Ronda 16: surge la revelación
La primera ronda eliminatoria trajo consigo otra conmoción. Pablo Calero, veterano y respetado, no logró contener la presión y quedó fuera.
Pero donde unos caían, otros nacían: Taninsky avanzaba sin miedo, desafiando todas las quinielas y convirtiéndose en la revelación incuestionable de la edición.
Ronda 12: un excampeón pierde su corona
El destino no se apiadó de los nombres ni de la historia. Fran Valiente, campeón hacía dos ediciones, también vio su camino terminar aquí. Las leyendas no encontraban refugio en una competición que parecía empeñada en reescribirse a sí misma.
Ronda 8: el terremoto definitivo
Y llegó la ronda más devastadora. La defensa del título tocó su fin: Aaron Blasco cayó eliminado, su temporada evaporándose entre decisiones difíciles y luchas imposibles.
A su lado, también se apagó la llama de Taninsky, cuyo camino hasta aquí había sido meteórico, pero que no logró atravesar el último muro.
Solo cuatro gladiadores quedaron en pie: Jose Cabanillas, Vasvo Lao, Alan Campos y JM Topuria. La Final Four estaba escrita.
Final Four: Valencia, lluvia… y libertad total
El destino quiso que la batalla final se librara en el Valencia Street Circuit, convertido por la lluvia en una bestia indomable. El sistema de stock quedó anulado: libertad absoluta para los cuatro finalistas.
Era el tipo de escenario donde nacen las leyendas.
La clasificación marcó el orden de salida:
Vasvo Lao, 4º, preparado para atacar.
JM Topuria, 7º, paciente y calculador.
Alan Campos, 8º, con la sombra de la duda.
Jose Cabanillas, 14º, obligado a remontar desde lo más profundo.
La salida: donde empieza el caos
Cuando se apagaron las luces, la pista se convirtió en un campo de batalla. Vasvo Lao lanzó un golpe inmediato, trepando a la 3ª posición. JM Topuria respondió, escalando hasta el 4º lugar. En contraste, Alan Campos retrocedió hasta el 12º, pero no tardaría en convertirse en uno de los protagonistas de la historia. Jose Cabanillas luchó con uñas y dientes para ponerse 11º. La carrera apenas comenzaba.
Las estrategias: tres caminos, un destino
Los cuatro eligieron armas distintas para afrontar la tormenta:
Vasvo Lao → 3 paradas: intermedio – intermedio – superblando – blando
Jose Cabanillas → 3 paradas: intermedio – intermedio – blando – intermedio
Alan Campos → 2 paradas: intermedio – intermedio – blando
JM Topuria → 2 paradas: intermedio – intermedio – blando
En un circuito donde cada curva traicionaba, la estrategia era un acto de fe.
Últimos giros: nace un héroe
A mitad de carrera, el ritmo empezó a contar más que cualquier previsión. Y desde atrás, con calma, precisión y valentía, Alan Campos ejecutó la remontada de su vida. Dobló rivales, manejó los neumáticos como un cirujano y fue ascendiendo, peldaño a peldaño, hasta que finalmente, en los compases finales… tomó el liderato. Y ya no lo soltó. Detrás, JM Topuria resistió con fuerza, cruzando la meta a 2,5 segundos y demostrando que el temple también es una forma de victoria. Vasvo Lao, constante y combativo, terminó tercero a 8,5 segundos. Jose Cabanillas, exhausto tras una lucha intensa, cerró la clasificación a 37,5 segundos.
El campeón: el surgimiento de Alan Campos
Cuando el coche de Alan Campos cruzó la línea de meta, no solo ganó una carrera. Nació un campeón. Por primera vez, su nombre quedó grabado en oro en la historia de la Regular Elite Cup, en una edición donde los gigantes cayeron, las revelaciones brillaron y la lluvia escribió un final digno de las mejores epopeyas del motor.